El ingenioso reto mental que se esconde tras un humilde laberinto de ciencia loca.
Cuando vemos el logo de Eastasiasoft en la pantalla de carga, a todos se nos viene a la cabeza lo mismo: un juego de corte independiente barato, de mecánicas por lo general simples y pensado principalmente para engordar el perfil con un platino o logros rápidos de la manera más sencilla posible. Sin embargo, en el caso de Rat Protocol, el juego va mucho más allá de esa típica búsqueda de recompensas fáciles. Detrás de su humilde fachada de juego de puzzles de empujar bloques por cinco eurillos se esconde una propuesta de lo más entretenida, bien pulida y con un diseño de niveles que respeta la inteligencia del jugador.
Una premisa disparatada con aroma a clásico de animación noventero
La premisa del juego es deliciosamente absurda y tiene ese inconfundible aroma a serie de dibujos animados de los noventa. Tras un accidente experimental en un laboratorio, una rata común y corriente adquiere de golpe una fuerza y una inteligencia sobrehumanas. En lugar de asustarse o desinfectar la zona, los científicos a cargo deciden aprovechar la coyuntura para someter a su creación a una serie de pruebas de lo más retorcidas y comprobar hasta dónde llegan sus nuevas capacidades cognitivas.
Aunque en este género la narrativa suele ser un mero adorno, aquí se agradece el esfuerzo. Entre niveles iremos viendo breves escenas de diálogo entre los científicos que nos observan. Lo interesante es que estas conversaciones realmente nos sirven para descubrir las nuevas habilidades de nuestro ratón, convirtiéndose en una manera de lo más ingeniosa de anunciarnos las nuevas mecánicas que se van a introducir. Además, hay que destacar que todos estos textos nos llegan perfectamente traducidos al castellano, un detalle que siempre se agradece y que facilita seguir el hilo.
Un gran diseño de niveles donde la lógica siempre le gana la partida a la frustración
En esencia, Rat Protocol es un juego de puzzles heredero directo del clásico Sokoban. Tu objetivo en cada una de las 50 cámaras de prueba es guiar a la rata para conseguir una o varias tarjetas de acceso que abren la puerta de salida. Para lograrlo, la mecánica principal consiste en empujar cajas para despejar el camino.

Lo bueno de Rat Protocol es su ritmo de juego y cómo va introduciendo novedades. El juego empieza de forma muy asequible para que le pilles el truco, pero no tarda en ir sumando capas de complejidad a un ritmo excelente. Pronto tendrás que lidiar con interruptores de presión, rayos láser letales que debes bloquear empujando cajas en su trayectoria, baterías, charcos de ácido, teletransportadores, superficies de hielo resbaladizas y cajas de dinamita que puedes detonar para abrir nuevos pasos. Incluso se introduce una ingeniosa mecánica en la que controlamos a un clon de nuestro roedor que se mueve en perfecta sincronía con nosotros, lo que añade un gran componente de posicionamiento y coordinación al diseño de los puzzles.
En líneas generales, la dificultad no es excesivamente complicada. Aunque el juego cuenta con un par de niveles avanzados más enrevesados que te obligarán a estrujarte los sesos, la curva está muy bien medida. Ninguna de estas mecánicas reinventa la rueda de los puzzles, pero la forma en que se combinan en los niveles avanzados te obligará a pararte a pensar y planificar tus movimientos. Lo mejor de todo es que las soluciones siempre resultan lógicas y justas; cuando te encallas en una sala, la culpa nunca es de un diseño tramposo, sino de no haber analizado bien el orden de ejecución de tus pasos.
En cuanto a la duración, estamos ante un título compacto: una vez completados los 50 niveles que ofrece, se acabó. No hay modos adicionales ni incentivos de rejugabilidad más allá de la caza de trofeos. Sin embargo, el diseño es tan majo que te deja con ganas de más, haciéndote desear que hubieran incluido unas cuantas fases extra para exprimir todavía más la genial combinación de todas sus mecánicas.

Apartado técnico
Visualmente, el juego abraza la filosofía del "menos es más" con un pixel art de estética retro muy limpio. Aunque artísticamente no vaya a ganar ningún premio a la innovación, cumple con creces su cometido principal en un juego de puzzles: la legibilidad. Todo el escenario está codificado por colores de forma fantástica; los láseres, interruptores, explosivos y peligros son perfectamente distinguibles al primer vistazo, lo que evita que pierdas el tiempo intentando descifrar qué elemento es cada cosa en mitad del caos. El propio roedor protagonista cuenta con unas animaciones de lo más simpáticas y expresivas que le dan bastante carisma al desplazarse por el tablero.
En el apartado sonoro, la banda sonora es sencilla pero efectiva, ofreciendo melodías electrónicas que encajan muy bien con esa atmósfera de laboratorio clínico y ciencia extraña. Los efectos de sonido también están muy cuidados: las explosiones de la dinamita, el zumbido de los láseres activos y el chasquido de los interruptores o teletransportadores ofrece un gran feedback de que la acción se ha ejecutado correctamente. Es un envoltorio sonoro que, sin ser revolucionario, ayuda mucho a mantener la concentración mientras resuelves cada sala.
Conclusión
Rat Protocol es la prueba de que un juego económico no tiene por qué ser perezoso. Pufferfish Digital y Eastasiasoft han entregado un sokoban sólido que destaca por su excelente ritmo a la hora de introducir mecánicas, su lograda curva de dificultad y ese toque simpático de su narrativa científica de dibujos animados. A pesar de que se te pueda hacer algo corto y te deje con ganas de un diseño de niveles aún más enrevesado en su tramo final, su traducción al castellano, la lógica de sus desafíos y su ajustadísimo precio lo convierten en una opción fantástica.
Una premisa disparatada con aroma a clásico de animación noventero
La premisa del juego es deliciosamente absurda y tiene ese inconfundible aroma a serie de dibujos animados de los noventa. Tras un accidente experimental en un laboratorio, una rata común y corriente adquiere de golpe una fuerza y una inteligencia sobrehumanas. En lugar de asustarse o desinfectar la zona, los científicos a cargo deciden aprovechar la coyuntura para someter a su creación a una serie de pruebas de lo más retorcidas y comprobar hasta dónde llegan sus nuevas capacidades cognitivas.
Aunque en este género la narrativa suele ser un mero adorno, aquí se agradece el esfuerzo. Entre niveles iremos viendo breves escenas de diálogo entre los científicos que nos observan. Lo interesante es que estas conversaciones realmente nos sirven para descubrir las nuevas habilidades de nuestro ratón, convirtiéndose en una manera de lo más ingeniosa de anunciarnos las nuevas mecánicas que se van a introducir. Además, hay que destacar que todos estos textos nos llegan perfectamente traducidos al castellano, un detalle que siempre se agradece y que facilita seguir el hilo.
Un gran diseño de niveles donde la lógica siempre le gana la partida a la frustración
En esencia, Rat Protocol es un juego de puzzles heredero directo del clásico Sokoban. Tu objetivo en cada una de las 50 cámaras de prueba es guiar a la rata para conseguir una o varias tarjetas de acceso que abren la puerta de salida. Para lograrlo, la mecánica principal consiste en empujar cajas para despejar el camino.

Lo bueno de Rat Protocol es su ritmo de juego y cómo va introduciendo novedades. El juego empieza de forma muy asequible para que le pilles el truco, pero no tarda en ir sumando capas de complejidad a un ritmo excelente. Pronto tendrás que lidiar con interruptores de presión, rayos láser letales que debes bloquear empujando cajas en su trayectoria, baterías, charcos de ácido, teletransportadores, superficies de hielo resbaladizas y cajas de dinamita que puedes detonar para abrir nuevos pasos. Incluso se introduce una ingeniosa mecánica en la que controlamos a un clon de nuestro roedor que se mueve en perfecta sincronía con nosotros, lo que añade un gran componente de posicionamiento y coordinación al diseño de los puzzles.
En líneas generales, la dificultad no es excesivamente complicada. Aunque el juego cuenta con un par de niveles avanzados más enrevesados que te obligarán a estrujarte los sesos, la curva está muy bien medida. Ninguna de estas mecánicas reinventa la rueda de los puzzles, pero la forma en que se combinan en los niveles avanzados te obligará a pararte a pensar y planificar tus movimientos. Lo mejor de todo es que las soluciones siempre resultan lógicas y justas; cuando te encallas en una sala, la culpa nunca es de un diseño tramposo, sino de no haber analizado bien el orden de ejecución de tus pasos.
En cuanto a la duración, estamos ante un título compacto: una vez completados los 50 niveles que ofrece, se acabó. No hay modos adicionales ni incentivos de rejugabilidad más allá de la caza de trofeos. Sin embargo, el diseño es tan majo que te deja con ganas de más, haciéndote desear que hubieran incluido unas cuantas fases extra para exprimir todavía más la genial combinación de todas sus mecánicas.

Apartado técnico
Visualmente, el juego abraza la filosofía del "menos es más" con un pixel art de estética retro muy limpio. Aunque artísticamente no vaya a ganar ningún premio a la innovación, cumple con creces su cometido principal en un juego de puzzles: la legibilidad. Todo el escenario está codificado por colores de forma fantástica; los láseres, interruptores, explosivos y peligros son perfectamente distinguibles al primer vistazo, lo que evita que pierdas el tiempo intentando descifrar qué elemento es cada cosa en mitad del caos. El propio roedor protagonista cuenta con unas animaciones de lo más simpáticas y expresivas que le dan bastante carisma al desplazarse por el tablero.
En el apartado sonoro, la banda sonora es sencilla pero efectiva, ofreciendo melodías electrónicas que encajan muy bien con esa atmósfera de laboratorio clínico y ciencia extraña. Los efectos de sonido también están muy cuidados: las explosiones de la dinamita, el zumbido de los láseres activos y el chasquido de los interruptores o teletransportadores ofrece un gran feedback de que la acción se ha ejecutado correctamente. Es un envoltorio sonoro que, sin ser revolucionario, ayuda mucho a mantener la concentración mientras resuelves cada sala.
Conclusión
Rat Protocol es la prueba de que un juego económico no tiene por qué ser perezoso. Pufferfish Digital y Eastasiasoft han entregado un sokoban sólido que destaca por su excelente ritmo a la hora de introducir mecánicas, su lograda curva de dificultad y ese toque simpático de su narrativa científica de dibujos animados. A pesar de que se te pueda hacer algo corto y te deje con ganas de un diseño de niveles aún más enrevesado en su tramo final, su traducción al castellano, la lógica de sus desafíos y su ajustadísimo precio lo convierten en una opción fantástica.

Análisis
Rat Protocol
"El ingenioso reto mental que se esconde tras un humilde laberinto de ciencia loca."
0
Nota Final
Procesando...