Milly Alcock brilla como el acero en un viaje espacial lastrado por secundarios de relleno.
Si esperabas a la Supergirl de siempre, esa chica dulce y optimista que vive a la sombra de su primo, ya puedes ir quitándote esa idea de la cabeza. Una cinta que marca un giro radical para el personaje y para el nuevo universo de James Gunn. Dirigida por Craig Gillespie (Yo, Tonya, Cruella), la película se basa en la obra de Tom King, uno de los guionistas más potentes del cómic actual, responsable de hitos como Mr. Milagro. Aquí no esperéis a la prima luminosa de Clark Kent; esta Kara Zor-El es puro acero forjado en el trauma, y la película se encarga de recordártelo en cada plano.
Forjada en la roca de Alura: Una vida errática
La historia no arranca con el fin de su mundo; ese horror lo vamos descubriendo poco a poco a través de flashbacks que aparecen de forma estratégica en momentos clave de la cinta. Kara no se crió en una granja tranquila con padres cariñosos, sino en Alura, una astilla errante de Krypton donde pasó sus primeros 14 años de vida viendo morir a todos los que la rodeaban de las formas más terribles imaginables. Esta experiencia traumática es el motor que explica por qué no quiere estar en la Tierra y por qué lleva una vida tan desordenada, descuidada y errática. No es una heroína que busque salvar el día, es una mujer que huye de su propio pasado.
La trama principal se convierte en una carrera contrarreloj: salvar a Krypto. Nuestro querido perro es envenenado por el villano Krem, y si Kara no consigue el antídoto a tiempo, el can perecerá. Esta premisa desata una búsqueda de venganza donde se cruza con Ruthye Marye Knoll, quien busca justicia por el asesinato de su familia. Es inevitable ver la referencia a John Wick por el detonante del perro, aunque aquí, a diferencia de la película de Keanu Reeves, Krypto sí tiene la oportunidad de salvarse si somos lo suficientemente rápidos. El guion de Ana Nogueira captura esa frialdad necesaria de alguien que ha visto el fin del mundo desde la primera fila.
Milly Alcock y un reparto que no termina de cuajar
Milly Alcock (La Casa del Dragón) es, sin ninguna duda, lo mejor de la película y la razón principal para pagar la entrada. Tiene esa mirada de "he visto demasiadas cosas" que el personaje exigía a gritos. Alcock nos entrega a una Kara que es pura contradicción: es imponente y capaz de intimidar con un solo gesto cargado de frialdad, pero a la vez deja entrever una vulnerabilidad rota que te hace empatizar con su dolor. Se aleja por completo de la imagen de "diosa intocable" para mostrarnos a una mujer de carne y hueso que simplemente está cansada de luchar. Su presencia llena la pantalla y demuestra que ha nacido para este papel.

Lamentablemente, el resto de los cuatro pilares del reparto no corre la misma suerte:
Jason Momoa (Aquaman, Dune), que ya demostró carisma de sobra en el anterior DCU, regresa aquí como Lobo. El tío se lo pasa pipa y su presencia llena la pantalla, pero hay que decir que el personaje está metido un poco con calzador. Si le quitas de la película, la historia se entiende exactamente igual; es un relleno de lujo que un guion más sólido habría solventado de otra manera, ya que sus escenas se sienten forzadas dentro de la narrativa.
Matthias Schoenaerts (De óxido y hueso, La vieja guardia) como Krem de las Colinas Amarillas. Es el villano principal y es una decepción absoluta. Se siente como un "jefecillo" de nivel bajo, totalmente descafeinado y sin el peso necesario para ser una amenaza real. Su diseño visual es una mezcla extraña que no termina de convencer y, a pesar del talento del actor, el personaje carece de la vitalidad y la maldad que hemos visto en algunos cómics. Esperábamos una amenaza imponente y nos hemos encontrado con un secundario de lujo venido a menos.
Eve Ridley (El problema de los 3 cuerpos) como Ruthye Marye Knoll. Su personaje es el motor que desata todo al buscar venganza por el asesinato de su familia, acabando junto a Kara y Krypto, pero su papel termina sintiéndose como otro relleno adicional. No aporta la fuerza necesaria para que su relación con Kara sea el ancla emocional que debería, quedándose en un segundo plano que no termina de despegar.

Puesta en escena
Visualmente, la película es muy resultona, pero tiene altibajos evidentes. Lo más destacado es el trabajo en los habitantes de los otros planetas que visitan; la creación de las diferentes criaturas es curiosa y aporta un toque de variedad que se agradece. Los efectos prácticos y el maquillaje en estos seres le dan un aire de "ciencia ficción clásica" muy interesante. Sin embargo, los escenarios dejan una sensación agridulce: mientras que los interiores tienen un pase y están mejor trabajados, las zonas abiertas como desiertos o llanuras se ven totalmente desangeladas y vacías, restándole épica al viaje.
En cuanto a la acción, la película opta por momentos muy directos y secos. No hay coreografías de superhéroes brillantes; aquí las peleas son sucias y reflejan la dureza de Kara. Verla usar sus poderes de forma ruda, casi sin estilo, refuerza esa imagen de superviviente que no tiene tiempo para florituras. Sin embargo, se echa en falta algún momento de mayor escala que justifique el presupuesto de la cinta.
En el apartado sonoro, la banda sonora de Claudia Sarne opta por tonos oscuros que encajan con Kara, pero la gestión de la nostalgia es nula. Lo más incomprensible es que el tema clásico de Superman aparece acreditado en los títulos finales, pero durante toda la película no suena ni un solo acorde. Teniendo en cuenta que esa reinterpretación musical ya funcionó de lujo en la última película de su primo, no entendemos por qué no han aprovechado un par de momentos cruciales de la trama. Solo con oír la melodía, habrían ganado a los fans clásicos por goleada. A los nuevos les daría igual, pero para los veteranos habría sido el "hype" definitivo.

Conclusión
Supergirl es una cinta que vive de la interpretación magistral de Milly Alcock y de una premisa madura sobre el trauma. Es una historia cruda que nos muestra a una Kara Zor-El que nunca habíamos visto en el cine. Sin embargo, la película se queda a medio gas por culpa de unos secundarios que no aportan nada, un villano descafeinado y unas decisiones musicales algo erráticas. Tened claro que una vez que empiecen los créditos, la historia ha terminado por completo; no hay escenas post-créditos, así que no esperéis ninguna sorpresa final.
Forjada en la roca de Alura: Una vida errática
La historia no arranca con el fin de su mundo; ese horror lo vamos descubriendo poco a poco a través de flashbacks que aparecen de forma estratégica en momentos clave de la cinta. Kara no se crió en una granja tranquila con padres cariñosos, sino en Alura, una astilla errante de Krypton donde pasó sus primeros 14 años de vida viendo morir a todos los que la rodeaban de las formas más terribles imaginables. Esta experiencia traumática es el motor que explica por qué no quiere estar en la Tierra y por qué lleva una vida tan desordenada, descuidada y errática. No es una heroína que busque salvar el día, es una mujer que huye de su propio pasado.
La trama principal se convierte en una carrera contrarreloj: salvar a Krypto. Nuestro querido perro es envenenado por el villano Krem, y si Kara no consigue el antídoto a tiempo, el can perecerá. Esta premisa desata una búsqueda de venganza donde se cruza con Ruthye Marye Knoll, quien busca justicia por el asesinato de su familia. Es inevitable ver la referencia a John Wick por el detonante del perro, aunque aquí, a diferencia de la película de Keanu Reeves, Krypto sí tiene la oportunidad de salvarse si somos lo suficientemente rápidos. El guion de Ana Nogueira captura esa frialdad necesaria de alguien que ha visto el fin del mundo desde la primera fila.
Milly Alcock y un reparto que no termina de cuajar
Milly Alcock (La Casa del Dragón) es, sin ninguna duda, lo mejor de la película y la razón principal para pagar la entrada. Tiene esa mirada de "he visto demasiadas cosas" que el personaje exigía a gritos. Alcock nos entrega a una Kara que es pura contradicción: es imponente y capaz de intimidar con un solo gesto cargado de frialdad, pero a la vez deja entrever una vulnerabilidad rota que te hace empatizar con su dolor. Se aleja por completo de la imagen de "diosa intocable" para mostrarnos a una mujer de carne y hueso que simplemente está cansada de luchar. Su presencia llena la pantalla y demuestra que ha nacido para este papel.

Lamentablemente, el resto de los cuatro pilares del reparto no corre la misma suerte:
Jason Momoa (Aquaman, Dune), que ya demostró carisma de sobra en el anterior DCU, regresa aquí como Lobo. El tío se lo pasa pipa y su presencia llena la pantalla, pero hay que decir que el personaje está metido un poco con calzador. Si le quitas de la película, la historia se entiende exactamente igual; es un relleno de lujo que un guion más sólido habría solventado de otra manera, ya que sus escenas se sienten forzadas dentro de la narrativa.
Matthias Schoenaerts (De óxido y hueso, La vieja guardia) como Krem de las Colinas Amarillas. Es el villano principal y es una decepción absoluta. Se siente como un "jefecillo" de nivel bajo, totalmente descafeinado y sin el peso necesario para ser una amenaza real. Su diseño visual es una mezcla extraña que no termina de convencer y, a pesar del talento del actor, el personaje carece de la vitalidad y la maldad que hemos visto en algunos cómics. Esperábamos una amenaza imponente y nos hemos encontrado con un secundario de lujo venido a menos.
Eve Ridley (El problema de los 3 cuerpos) como Ruthye Marye Knoll. Su personaje es el motor que desata todo al buscar venganza por el asesinato de su familia, acabando junto a Kara y Krypto, pero su papel termina sintiéndose como otro relleno adicional. No aporta la fuerza necesaria para que su relación con Kara sea el ancla emocional que debería, quedándose en un segundo plano que no termina de despegar.

Puesta en escena
Visualmente, la película es muy resultona, pero tiene altibajos evidentes. Lo más destacado es el trabajo en los habitantes de los otros planetas que visitan; la creación de las diferentes criaturas es curiosa y aporta un toque de variedad que se agradece. Los efectos prácticos y el maquillaje en estos seres le dan un aire de "ciencia ficción clásica" muy interesante. Sin embargo, los escenarios dejan una sensación agridulce: mientras que los interiores tienen un pase y están mejor trabajados, las zonas abiertas como desiertos o llanuras se ven totalmente desangeladas y vacías, restándole épica al viaje.
En cuanto a la acción, la película opta por momentos muy directos y secos. No hay coreografías de superhéroes brillantes; aquí las peleas son sucias y reflejan la dureza de Kara. Verla usar sus poderes de forma ruda, casi sin estilo, refuerza esa imagen de superviviente que no tiene tiempo para florituras. Sin embargo, se echa en falta algún momento de mayor escala que justifique el presupuesto de la cinta.
En el apartado sonoro, la banda sonora de Claudia Sarne opta por tonos oscuros que encajan con Kara, pero la gestión de la nostalgia es nula. Lo más incomprensible es que el tema clásico de Superman aparece acreditado en los títulos finales, pero durante toda la película no suena ni un solo acorde. Teniendo en cuenta que esa reinterpretación musical ya funcionó de lujo en la última película de su primo, no entendemos por qué no han aprovechado un par de momentos cruciales de la trama. Solo con oír la melodía, habrían ganado a los fans clásicos por goleada. A los nuevos les daría igual, pero para los veteranos habría sido el "hype" definitivo.

Conclusión
Supergirl es una cinta que vive de la interpretación magistral de Milly Alcock y de una premisa madura sobre el trauma. Es una historia cruda que nos muestra a una Kara Zor-El que nunca habíamos visto en el cine. Sin embargo, la película se queda a medio gas por culpa de unos secundarios que no aportan nada, un villano descafeinado y unas decisiones musicales algo erráticas. Tened claro que una vez que empiecen los créditos, la historia ha terminado por completo; no hay escenas post-créditos, así que no esperéis ninguna sorpresa final.